La Bella Época
La juventud se ha acabado. Dicen muchos que la juventud es una actitud a la vida, un estado de animo y no una edad especifica. Yo les contestaría que es una combinación de ambos.
A mis 40´s siento que mi juventud se ha terminado. Seguramente si yo lea esto a mis 50´s o 60´s me reiré al pensar la estupidez que pensaba en la década de mis 40´s. Sin embargo, le recordaré a mi yo del futuro como fui “matando” a mi juventud: matrimonio-infidelidades-Georgette-infidelidades-Said-más infidelidades-40´s-fin.
Antes de eso mi vida era muy diferente. No feliz al 100%, pero sí más relajada. Si algo perdía lo compraba, si algo quería tener, trabajaba para ahorrar y lo compraba. Si tenía la oportunidad de salir de viaje, lo hacía y lo disfrutaba.
Ahora ya no se de metas, sueños, fantasías, ahora mi único objetivo en la vida es trabajar para poder subsistir. Trabajar para conseguir un dinero quincenalmente con el que pueda darle a mi familia lo que necesita, repito, lo que necesita, no lo que gusten. Trabajo para el tratamiento médico de mi hijo, trabajo para pagarle a mis acreedores lo que les debo y de ahí hasta la siguiente quincena. No tengo ilusiones de compras X o Y lujo “porque me lo merezco” o “porque para eso trabajo”. Estoy conforme (y feliz) con lo que tengo, no me importa tener un celular nuevo, el que tengo me sirve y si se llegara a romper o descomponer, tengo otros guardados que requieren de reparación y también los usaría. Pero ya no busco tener celular nuevo, en serio. Lo mismo aplica para la ropa y el calzado, si se rompe lo reparo, si se descose se vuelve a coser. Y si en un dado caso requiriera comprar alguna prenda nueva, buscaría primero en ropa de segunda mano y después nueva. Estoy en un punto que me atrevería a decir que me puedo deshacer de todas mis pertenencias materiales y venderlas, si así se requiera, con tal de tener dinero para subsistir. Mis discos, mis libros y mis películas, todo. Podría venderlas ahora mismo y no dolerme, ya no me importan. Si algo positivo todavía tengo es que busco por las noches a la luna y me detengo por unos segundos solo para apreciarla. A ella, a las estrellas, a las nubes y al firmamento nocturno, los tengo siempre que miro al cielo sin ningún costo.
En mis 20´s tenía la fuerza física y mental de pensar que todo lo podía, si no me sentía cómodo en algún trabajo me buscaba otro porque me lo merecía, me ganaba a la gente con mi carisma, odiaba a las personas que se conformaran por el lugar en donde estaban, porque yo me consideraba un alma nómada libre de ataduras. Y me terminé convirtiendo en éso que siempre evité ser de joven… un adulto.
No tiene mucho tiempo que escuché o leí un artículo donde decía que las personas cambiamos drásticamente en cierta edad y que estaba comprobado científicamente: una persona deja de ser joven a la edad de 33 años, posteriormente comenzaba un periodo de adaptación a la vida adulta el cual se extendía hasta los 43 años en donde se puede comenzar a identificar a la persona que está plenamente en su adultez. Finalmente en la edad de 63 años la persona comienza un deterioro físico y mental para lo cual se considera que ha llegado a convertirse en un adulto mayor.
En efecto, a la edad de los 43, o incluso unos pocos meses antes de cumplir esa edad, llegue a sentirme diferente. Ya no veía las cosas como antes, era más precavido con mis acciones. Incluso el mundo que me rodeaba sentía que comenzaba a sentirlo diferente. Me volví más “preocupón” y menos “vale-madrista”. Hasta el corazón se me ablandó, ése del cual tanto hacia alarde que lo tenía negro como la obscuridad, ahora me comenzaba a doler mucho el pasado, me conmovía hasta la nostalgia, el paso del tiempo que ya no es, que se fue y que no volverá. La compañía que encontraba en las personas, ahora la buscaba dentro de mi. Por alguna extraña razón desbloquee recuerdos que creía olvidados, sucesos y momentos de mi juventud que ya no recordaba, resultaba que siempre estuvieron ahí guardados en mi conciencia, solo que no quería encontrarlos. Recuerdos de una bella época en la que solía ser un joven lleno de vida, de emociones fuertes, de adrenalina, de sensaciones nuevas y la exploración de lugares desconocidos. Al estar conmigo mismo comencé a recordar rostros, nombres y personas que alguna vez significaron algo muy importante para mi y que hice lo que estuvo en mis manos por mejorar la vida de ellos pero hoy no tengo idea de sus paraderos. Quizás también me recuerden? O ya me olvidaron?
Siempre procuré seguir una filosofía que alguna vez escuche decir a la madre Teresa de Calcuta, ella decía algo parecido a que "no dejaras que nadie que se atravesara en tu vida (y que después se alejara de ti) se fuera sin ser un poco más feliz". Es decir, si estaba en tus manos poder ayudar a alguien en el presente, había que hacerlo, no podíamos esperarnos a tener después otra oportunidad, porque no sabíamos si en el futuro esa persona se volviera a atravesar por nuestras vidas de nuevo.
Seguir esa filosofía de vida me trajo muchos agradecimientos y bendiciones por las personas a quienes les tendí la mano, pero también muchos problemas, porque hice uso de recursos que no me pertenecían para ayudar a personas necesitadas. Pero esa es otra historia...

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